Cartes quiere controlar el poder desde el Congreso Destacado

Escrito por  Publicado en EN DESTAQUE Miércoles, 07 Junio 2017 15:00
Cartes quiere controlar el poder desde el Congreso Javier Zacarías / Horacio Cartes / Lilian Samaniego.

Escribe: Luis Alen.

En una maniobra desesperada de supervivencia política, el cartismo volvió a lo que más sabe hacer: dividir a la disidencia y a la oposición no colorada, con el fin de alzarse con el más esquivo trofeo que le falta en casi todo el período de Horacio Cartes, como lo es tener en sus manos el control de ambas cámaras del Congreso, el Senado y la Cámara de Diputados.

Hay que recordar que HC viene retomando fuerzas después de su humillante derrota en la búsqueda del “rekutu” vía enmienda y de la desbandada de dirigentes importantes de su propio movimiento Honor Colorado, rodeándose de leales “escombros” como Darío Filártiga, Javier Zacarías Irún o Lilian Samaniego, que no tienen a su vez ninguna posibilidad de figurar en alguna lista disidente de la ANR.

Tras imponer la precandidatura del inexperto y con nula militancia partidaria, Santiago Peña, a la presidencia de la República, arreando a todo el Gobierno detrás de su “delfín”, Horacio se propone recuperar el terreno perdido en su afanoso empeño de lograr el poder total, ahora trasladando su protagonismo al Parlamento, donde tiene que mantener bajo su férula a díscolos legisladores republicanos y a genuflexos opositores, varios de estos “disponibles” al patrón, como los liberales llanistas, a cambio de impunidad o de una bolsa con treinta monedas de plata, traicionando cual Judas a su partido y al pueblo que los votó.

La orden es sacar a como dé lugar a Hugo Velázquez, actual titular de Diputados, para lo cual se debe cambiar el reglamento de la Cámara, en una votación que será una exhibición de fuerza del cartismo, después de su fracaso en el tema de la enmienda, y que según los voceros oficialistas fue en parte causado por la “traición” del ex diputado cartista que ahora se pasó a la disidencia y suena nada menos que como candidato a vicepresidente en una dupla con Marito Abdo Benítez.

 

Evitar el derrumbe

La consigna de HC es evidentemente reforzar desde ya su poder en el Parlamento, con el fin de evitar más deserciones en su movimiento, que podrían ocurrir en la confección de las listas para el Senado y Diputados.

HC no ahorrará cualquier clase y cantidad de recursos con tal de evitar más “fugas” que le serían fatales, porque le dejarían en posición incómoda minoritaria, arriesgando la gobernabilidad en lo que resta del período presidencial y con el peligro de una casi segura debacle electoral en la interna del 17 de diciembre.

Para más datos, debe revertir en forma urgente la pérdida de control del Consejo de la Magistratura, que le llevaría a la elección de un fiscal general opositor y a una posterior rebelión afrentosa de todo el Ministerio Público, actualmente en entredicho con el titular del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, el cartista Oscar González Daher, y con el propio presidente, ya que éste volvió a presionar sobre los fiscales para cargar todo el peso de las sanciones penales sobre la “quema de un poder del Estado”, en alusión a la protesta del 31 de marzo pasado, olvidando un hecho más grave aún como fue el asalto al local del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), con un muerto incluido.

Lo peor del caso es que tampoco HC se puede dar el lujo de perder también influencia en la Corte Suprema y en el Poder Judicial, lo que preanunciaría días no tan tranquilos para las aspiraciones cartistas de continuar en el poder el próximo período 2018-2023.

Tanto la disidencia colorada como el resto de la oposición liberal, izquierdista e independiente, ha estado expectante sobre las movidas de HC, como dando todavía mucha capacidad de maniobra al poder cartista, en términos monetarios o de su habilidad para torcer voluntades fiscales o judiciales.

Sin embargo, la disidencia y la oposición no pueden perder de vista que está en juego el futuro de la República, ya que el cartismo perdió una batalla al no conseguir la enmienda anticonstitucional, pero no la guerra por el poder total y la vigencia de un autoritarismo de nuevo cuño, que actualmente busca afanosamente instalar, ahora desde el Parlamento y con un títere en el Palacio de López.

Lamentablemente, salta a la vista la incapacidad opositora de aglutinarse con figuras que tengan un masivo apoyo ciudadano, a tal punto que se habla de que no habrá otra alternativa que apelar al “voto útil” en los comicios de abril, con el fin de salvar la democracia del embate de las garras de HC, en el caso que el afiliado al PLRA Santi Peña pase la interna colorada o que el colorado-cartismo consiga una mayoría holgada en ambas cámaras.

No surgen nuevos exponentes ciudadanos independientes u “outsiders” que puedan opacar figuras como la del titular liberal Efraín Alegre, a quien la persecución fiscal por los hechos del 31 de marzo-1 de abril le están sirviendo de buena propaganda. Hasta el momento, se corta solo para enfrentar al candidato colorado, ya que la duda existencial del intendente Mario Ferreiro parece no tener fin, siendo hoy por hoy prácticamente el único capaz de amargar la fiesta del posible “rekutu” de la ANR.

A no ser que la oposición prefiera ir dividida y así aprovechar las grietas que se abrirán en la unidad granítica colorada con los heridos y contusos que habrá tras la candente interna que se avecina. En ese caso, la definición a esperar es un “cabeza a cabeza” en la que cualquiera puede ganar, y donde tal vez un liberalismo con discurso social atractivo pueda convencer no sólo a su tropa sino también al elector independiente y muy especialmente a la juventud.

 

La oligarquía dividida

Se puede decir que la próxima interna colorada definirá la orientación que tendrá la oligarquía, o la clase dominante en el país representada por los grupos económicos hegemónicos y los terratenientes ganaderos, en la justa electoral general de abril de 2018.

Específicamente, estos grupos de poder fáctico son reacios a la continuidad de HC en el poder, porque tiende a controlar el poder político avasallando el Poder Judicial, con lo cual se le allana los plenos poderes para el control de todos los negocios, legales e ilegales, asegurando así una impunidad que no ha tenido ningún gobierno de la transición hasta la fecha.

Estos grupos tradicionales del empresariado ven con desconfianza al cartismo por ese motivo, más aún porque rompe el esquema de contrapeso de poderes que fue sellado en la Constitución de 1992, como una ruptura con la dictadura stronista. La Constitución posee la cláusula clave de la no reelección, por ejemplo, como un reaseguro para la democracia y las libertades públicas. Bien o mal, el esquema ha funcionado en estos casi 30 años de vida democrática desde 1989.

Desmembrada la izquierda y casi muerto el delirio de reelección de Fernando Lugo, el peligro de una desestabilización proveniente del campo o de los asentamientos en torno a las ciudades, se ha esfumado, pero queda por ver cómo hará el próximo gobierno para revertir el dato preocupante del aumento del desempleo y la pobreza, tanto urbana como rural, pese al crecimiento económico en la era Cartes.

 

Es que el auge en la economía no vino precisamente por inversiones que creen empleos en forma masiva ni por mejoras en el ingreso de la población, sino por la dinámica agrícola empresarial, con la soja y la carne como puntales, al mismo tiempo que se registró un mayor dinamismo inversor del Estado con el incremento de las obras públicas a través de un fuerte endeudamiento público, que no disminuyó la corrupción ni la economía subterránea basada en el narcotráfico y toda clase de negocios ilícitos conexos, que han ahuyentado a su vez las inversiones sanas y han atraído en cambio las de orden especulativo, del tipo de lavado de dinero, o peor aún, las de naturaleza aventurera, apostando a las ganancias rápidas y de alto margen por los medios corruptos e ilegales.

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