La gente ya decidió: rotundo NO a la dictadura de Cartes Destacado

Escrito por  Publicado en EN DESTAQUE Jueves, 06 Abril 2017 09:42
La gente ya decidió: rotundo NO a la dictadura de Cartes Un enceguecido Horacio Cartes por el poder pone al país al aborde del abismo, con las consabidas consecuencias de un fallecido, varios heridos y una ciudadanía enardecida, por la violación de la carta magna.

Escribe: Luis Alen.

Ni el muerto que ya lleva a cuestas hace mella en el ánimo de Horacio Cartes para seguir con su alzamiento contra la Constitución, que él juró cumplir el 15 de agosto de 2013. No le importó a HC segar una vida humana, con tal de imponer su plan autoritario a los paraguayos, que implica convertirse en dueño de vida y hacienda de sus compatriotas.

La forma de actuar del cartismo el “viernes negro” pasado, 31 de marzo, pinta de cuerpo entero el régimen dictatorial que se presenta en el tenebroso horizonte de la nación, en el caso que prospere la anticonstitucional enmienda pro reelección, auspiciada por una dirigencia colorada abyecta, y secundada por el ex obispo Fernando Lugo, quien en forma oportunista y cínica se puso al servicio del siniestro plan mafioso de HC.

El autogolpe cartista debió cristalizarse ya el viernes, con la victoria en el Congreso y la comunicación al Tribunal Electoral, y el posterior festejo durante la inauguración del “súper viaducto” de Madame Lynch y Aviadores del Chaco, con fuegos artificiales incluidos y discursos con llamativas pancartas mostrando que “el pueblo pide la continuidad de Cartes al frente de la nación”.

Por lo visto, el libreto stronista muy bien aprendido de su asesor Darío Filártiga se viene aplicando en forma puntillosa, cual alumno aventajado, en el círculo áulico de asesores y gerentes del Grupo Cartes, en Muruvicha Roga.

A punto de dar el paso hacia un régimen de facto, una vez que cambie la Constitución para su reelección vía enmienda, HC tiene ya la tan ansiada mayoría en el Congreso, domina los vericuetos del Poder Judicial, tiene a sus órdenes al fiscal general que también quiere su rekutu, y cuenta con los resortes suficientes para imponer su voluntad al electorado, en el posible referéndum y en las próximas elecciones, ya que el plan oficialista es contar con el apoyo del luguismo de izquierda y del llanismo liberal en las mesas electorales, con el fin de concretar un gran fraude electoral.

 

La reacción popular

Pero el viernes negro algo no salió bien, a pedir de boca, ya que no contaban con la “pueblada” desatada para protestar frente al Congreso contra la sesión “mau” de los 25 senadores que “aprobaron” en forma ilegal el texto de la supuesta enmienda oficialista a la Constitución, que permitiría la reelección. Cuando pensaban que también la Cámara de Diputados la aprobaría esa misma noche, ocurrió lo inesperado: el pueblo reaccionó y literalmente incendió el Congreso, como reacción ante el atropello realizado contra la Constitución.

Los manifestantes que protestaban contra los legisladores alineados con HC fueron reprimidos desde el primer instante –y antes de generarse la quema del Congreso- por los policías antimotines, como lo prueba la grave herida en la cara que sufrió el diputado liberal Edgar Acosta, estando en el mismo lugar el presidente del Congreso, Roberto Acevedo, a quien también le rozaron balines que no eran precisamente de goma, como se comprobó después.

La violenta reacción de la multitud al tomar el edificio e incendiarlo fue ya el resultado de la violencia ejercida desde arriba para amedrentar cualquier protesta actual y futura en contra del Gobierno de HC. Los voceros del Gobierno atribuyeron los incidentes a una turba incitada por Efraín Alegre y Rafael Filizzola, y que incluso habrían recibido dinero de los citados políticos opositores.

Pero era evidente la mentira de la versión oficial, porque los ciudadanos estaban desarmados y protestaban pacíficamente, hasta que vino la provocación de la brutal utilización de las escopetas con balines de goma y de plomo, como el que habría impactado en el rostro del diputado Acosta.

 

Mostrar la cara más tenebrosa

El “pirevai” (malhumor en guaraní) de Cartes por la falta de aprobación de la enmienda en la tarde-noche del viernes motivó su ausencia en la inauguración de su obra faraónica emblemática, quedando recluido en Mburuvicha Roga para dar la orden más tenebrosa que haya dado desde que asumió la presidencia.

Horacio reaccionó en forma destemplada ordenando que los antimotines descargaran su furia contra los manifestantes que se habían dispersado ya por el microcentro, sacando a la policía montada y realizando detenciones masivas de cualquiera que se interpusiera en el camino de los policías.

Pasada la medianoche y con la ciudad ya en tensa calma, sobrevino un hecho hasta ahora no explicado por autoridad alguna: el asalto de los antimotines, con escopetas que contenían balines de plomo, a la sede del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) sobre la calle Iturbe, muy cerca del diario ABC Color.

Como lo muestran las imágenes del allanamiento sin ninguna orden judicial, y que el mundo entero observó estupefacto, los policías antimotines y otros de civil, incursionaron desde la calle a balazos. Los policías seguían disparando una vez ingresados a la sede partidaria, instante en que se aprecia la corrida general de los presentes en la sede partidaria, y en momentos en que cae al piso gravemente herido una de las personas que huyen despavoridas, y que resultó identificada después como Rodrigo Quintana, presidente de la juventud liberal de La Colmena, en el departamento de Paraguarí.

El joven dirigente liberal tuvo un pavoroso final con una agonía de 20 minutos hasta que fue auxiliado y llevado en una ambulancia a un centro asistencial donde se constató su deceso. Los policías, pese a que era su deber, en ningún momento se ocuparon de auxiliar al herido y sólo se concentraban en tener cuerpo a tierra a todos los demás, para luego proceder a detenerlos y llevarlos en patrulleras hasta la Agrupación Especializada de la Policía, donde amanecieron más de 200 detenidos.

 

Un plan tenebroso

El objetivo de los antimotines al asaltar la sede del PLRA fue mostrar la cara más tenebrosa de la dictadura de HC que se concretará en el caso que se apruebe la enmienda inconstitucional.

Según declararon los jóvenes presentes en el local del Partido Liberal, los policías tenían órdenes precisas, no sólo de reprimir o detener a posibles manifestantes refugiados en el lugar, sino también le buscaban al presidente de la agrupación política, Efraín Alegre, con la intención de detenerlo. Pero qué hubiera pasado si el titular partidario se encontraba en la línea de fuego de los antimotines, como blanco del suboficial Gustavo Florentín.

La orden para que la policía llegara con intenciones de matar en el PLRA, evidentemente vino de bien arriba, y es lo que se debería constatar seriamente a través de una investigación con agentes de inteligencia si es posible extranjeros, con el fin de preservar la imparcialidad de su dictamen, ya que se está en presencia de una gravísima situación de impacto político que involucraría inclusive la responsabilidad del presidente de la República, y que por ello podría ser sometido a juicio político.

Varios gobiernos, como el de Argentina, solicitaron a Cartes una profunda investigación de los hechos, para esclarecerlos y castigar a los culpables. Pero, ¿qué pasaría si se comprobara una responsabilidad directa del presidente Cartes en el atropello a la sede del PLRA?

El policía Florentín no habría sido elegido al azar para integrar la fatídica dotación implicada en el feroz asalto que no tiene antecedentes ni siquiera en la época de Stroessner. El uniformado estaba bajo arresto en la Comandancia y es conocido, según fuentes policiales, por tener varios sumarios vigentes por inconducta e incluso por violencia familiar, por lo cual estaba recluido por orden de un juez.

El Gobierno de HC se quiso desmarcar inmediatamente de toda responsabilidad y atribuyó el hecho de “liberar” a Florentín para cometer el atraco y posterior asesinato a una orden emanada dentro de la Policía. Sin embargo, está claro que la orden de tirar a matar provino de bien arriba, según las fuentes que nos merecen crédito, y que empujaron al suboficial a realizar el “raid” bajo promesas de quien sabe qué apoyos para superar sus problemas personales y familiares.

El hecho cierto también es que se hubiera perpetrado una matanza en el local del PLRA, pero lo evitó la rápida presencia de la prensa en el sitio, según los testimonios de quienes sufrieron la injustificada represión policial.

La destitución tanto del ministro del Interior como del jefe de Policía, en la tarde del sábado, podría significar que HC quiere descargar toda la culpa en sus subordinados, pero también puede ser que los haya despedido por no cumplir a cabalidad la orden de arrestar o de ajustar cuentas con la dirigencia rebelde del PLRA.

 

El diálogo, ¿para qué?

La noche del domingo, acorralado por las repercusiones negativas de las escenas de violencia aparecidas en la prensa y la televisión de todo el mundo, así como por los pedidos de gobiernos como el de Estados Unidos de parar la violencia contra los ciudadanos que protestan por la violación de la Constitución, repentinamente Horacio Cartes salió a comunicar la disposición a un diálogo con sus opositores. Tuvo mucho que ver también, según dijo, el pedido expreso del Papa Francisco, pronunciado en ocasión de una celebración litúrgica en una ciudad italiana que era visitada por el Pontífice de la Iglesia Católica.

El objetivo de la mesa de diálogo es llegar a “soluciones políticas”, como expresó HC, pero de entrada ya fue anunciado el lunes que el presidente ni la dirigencia colorada que le secunda dejarán de continuar con la intención de implantar la famosa enmienda anticonstitucional. El jefe de Estado acude al diálogo con los opositores, pero no se apea de su posición pro enmienda, lo que en realidad convertirá a la conversación intermediada por la Iglesia en un auténtico diálogo de sordos.

Para que la oposición sea consecuente con su posición contraria a la violación de la Constitución por parte del cartismo, en realidad debería condicionar su asistencia a la previa renuncia de HC a su plan de enmienda y, por ende, a la reelección.

A esta actitud opositora, el plan cartista es retrucar diciendo que son sus detractores los que esquivan el diálogo para llegar a una “solución política” y evitar más violencia en el país.

Pero es el proyecto de enmienda el que enervó a la población y provocó la violencia, estando ahora el documento a punto de ser tratado en Diputados, donde sólo están esperando lo que se resuelva en la mesa de diálogo.

Los personeros oficialistas insisten en que la oposición anunció desde el año pasado la violencia del renacer de un “marzo paraguayo” al filo del mes de abril. Lo cierto es que por la actitud de HC de imponer su plan autoritario, ahora la democracia paraguaya debe atravesar su prueba más difícil, al haber hecho andar HC la fatídica marcha hacia un rumbo totalmente incierto para la nación.

La violencia ya vino de arriba con la imposición de la enmienda por vías y procedimientos ilegales, y ahora se conoció su lado más siniestro con la barbarie de la represión policial desproporcionada que llevó a la muerte de un joven dirigente liberal, varios heridos graves y más de 200 detenidos en forma arbitraria que luego la fiscalía ordenó su liberación, quedando una decena de imputados por supuesto saqueo a la sede de la Subsecretaría de Tributación.

 

El poder total

El plan cartista es entregar el poder total de la República a HC, con el fin de que éste se constituya en el factótum de todos los grandes negocios del país. Asimismo, la intención es constituir una especie de “unicato” que reúna alrededor de Cartes todo el poder como para tener bajo su control a las mafias del narcotráfico, el contrabando y los distintos tráficos ilegales.

En la perspectiva del control de los negocios, igualmente el objetivo es poner límites a las grandes fortunas del país, haciendo que el Grupo Cartes se erija en el principal eje empresarial, especialmente en los grandes negocios con el Estado, hasta el punto que HC supere la fortuna de los empresarios que en estos momentos acaparan no sólo importantes conglomerados de negocios, sino los más importantes holdings de prensa del país, como son Aldo Zuccolillo, director del diario ABC Color, y Antonio J. Vierci, titular del grupo empresarial AJV y propietario del diario Ultima Hora y del canal de TV Telefuturo.

En la reunión con los seccionaleros colorados que fueron arreados a Mburuvicha Roga el lunes pasado, el presidente Cartes manifestó exultante y con tono bravucón que “ni diez Zuccolillos, ni diez Viercis” le harán retroceder en su intentona de pisotear la Constitución y convertirse en el primer dictador civil después de Stroessner.

 

Por si acaso, las Fuerzas Armadas se hallaban acuarteladas en los caldeados días pasados, no precisamente para intervenir sino para asegurar que no haya algún regimiento díscolo que desobedezca a HC y proclame su respeto por la Constitución, ya que ésta misma exhorta a defenderla (art. 137) no incurriendo en ningún delito aquel que por cualquier medio a su alcance se levantara contra los usurpadores del poder legal establecido por la Carta Magna de 1992.

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